COLUMNA: Somos parte de la inclusión

Somos parte de la inclusión

 

En estos días hemos visto que la ley de inclusión de la de la Reforma Educacional ha generado un debate sobre su verdadera implicancia en los establecimientos educacionales. Sin embargo, no nos hemos sentado a reflexionar sobre lo que significa el concepto de inclusión.  Si hablamos de inclusión desde un punto de vista valorativo, podríamos señalar que significa considerar a la persona que se educa, tal cual es en su dimensión individual y social. Pero si lo abordamos desde el punto de las neurociencias, significa entender el proceso de aprendizaje que realiza cada niño o niña desde el punto de vista neurológico.

En Desafío hemos podido vivir una síntesis de los conceptos mencionados anteriormente. Somos una Fundación de terreno. Nuestro espíritu es estar con la gente de cada comunidad a la cual llegamos para poder escucharlas y comprender sus necesidades a fin de ser puentes para que puedan tener más oportunidades.  

En las escuela rurales que hemos llegado, nos  ha emocionado ver como cada profesor que en una sala tiene niños y niñas de 7 a 14 años se da el tiempo para conocer las necesidades e intereses de cada uno de sus alumnos. Nos emociona ver cómo pone en juego una serie de estrategias, con los recursos más mínimos, para poder desplegar todas las potencialidades de cada uno de sus alumnos.

Para nosotros esa es la verdadera inclusión: una escuela que es capaz de acoger a niños con diversas realidades, habilidades y tiempos de maduración acompañadas de educadores que son capaces de llegar a los corazones de sus alumnos para descubrir en su integralidad a su alumno para apoyar que alcance su desarrollo plenamente.

Lo anterior se da porque tanto director, profesores, auxiliares y sus familias confían en el proceso de maduración y de aprendizaje de los niños,  porque el foco está centrado en el aprendizaje y no tanto en el contenido ni en una métrica.  Se da porque el educador está para guiar, mediar y orientar el proceso de aprendizaje y de desarrollo de cada uno de los niños asumiendo este trabajo con pasión y dedicación. Así, el rol de educar se transforma en hacer que los niños se  descubran, a sí mismos, tal como son. Se da por que la sala clase se transforma en una pequeña comunidad, donde cada uno, con sus propias características aprende a sociabilizar con el otro. Se da entonces que ese niño o niña va valorando lo que es vivir en sociedad, lo que es ser un ciudadano respetuoso y responsable.

Por lo tanto la inclusión para nuestra fundación es la herramienta fundamental para que los niños puedan crecer y desarrollarse en plenitud junto a otros, con otros y por otros, asimilando desde pequeños el compromiso con crear una convivencia más sana, amigables y basa en el respeto por la diferencia, que en todo sentido, nos parece positivo a la hora de pensar el país que le vamos a entregar a las próximas generaciones.

 

Marcela Gutiérrez

Líder de Educación  

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